Nuestro día 16 de noviembre

La pausa de nuestro día 16 de noviembre nos ofrece una oportunidad para pensar en nuestra identidad desde la faceta laboral.

¿Quiénes somos y quiénes debemos ser, en tanto humanos, personas, ciudadanas y ciudadanos de un pueblo que se dice soberano, republicano, democrático, igualitario, pacífico, solidario y con vocación de hermandad, que por los más variados motivos comprometimos nuestra capacidad laboral en la administración de justicia estatal, Es decir, en el lugar preciso al que se sigue definiendo como el último baluarte de los derechos del pueblo, aunque la realidad muestre lo contrario con frecuencia insoportable.

Ingresamos a la labor judicial, casi siempre siendo muy jóvenes,  como seres libres, sin ningún compromiso contrario a aquellos valores sociales y políticos que la justicia debe proteger. No abandonamos nuestros derechos humanos civiles y políticos en las puertas de tribunales. Lejos quedaron los tiempos en que se nos prohibía o imponía la militancia partidaria o se coartaba a los judiciales el acceso a cargos electivos por la voluntad popular; en gran parte fue la lucha de la AJB la que quebró esas proscripciones.

Tampoco ingresamos para ser obedientes debidos al  modelo judicial disciplinador, retrógrado, que no antepone la soberanía, la Constitución y los derechos humanos a los poderes que prosperan y mandan con violencia y abusos de todo tipo, al tiempo que se aferran al monopolio del nombramiento de los cargos judiciales más relevantes.

Desde nuestro primer día de trabajo en tribunales, no pocas veces gratuito por largo tiempo, incorporamos un enorme bagaje de derechos individuales y colectivos propios de los trabajadores, protegidos desde las más altas cumbres de la legalidad nacional e  internacional, que sólo la mentalidad prepotente, arbitraria y claramente violatoria de esas normas que inspira a muchos gobernantes, incluyendo a quienes ostentan su condición de juristas, está impidiendo que podamos gozarlos en plenitud, como les sucede a la casi totalidad de los trabajadores.

Con ese cúmulo de valores y certidumbres no podemos negar que somos trabajadores, que debemos asumirnos como tales y que nuestra obligación central es trabajar e involucrarnos para que el Poder Judicial deje de ser una rémora que impide o retrasa el proceso de liberación nacional y social que conduzca al pleno ejercicio de los derechos de pueblo, entre ellos, los de los judiciales, según lo manda la Constitución que juran nuestros magistrados y funcionarios. El reconocimiento ciudadano de que esos son nuestros objetivos legitimará la dignificación de nuestro trabajo, a la que aspiramos.

Este 16 de noviembre festejamos una expresión cabal de conciencia colectiva de los judiciales argentinos, que fue precedida por otras iniciativas similares en gran parte del país y que se manifestó rotundamente en nuestra Provincia el 3 de junio de 1960, con la fundación unificadora de la Asociación Judicial Bonaerense: la construcción del espacio donde todos los judiciales, sin divisiones trasplantadas, podamos reunirnos fraternalmente, como trabajadores que no rehuyen sus deberes sociales y políticos, y tratan de coincidir en los caminos para la promoción de nuestros derechos y nuestras aspiraciones legítimas y en la obligación de contribuir al bien del pueblo desde una justicia que sea reconocida como tal.

MUY FELIZ DÍA A TODOS LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS JUDICIALES.

COMISIÓN DIRECTIVA DEPARTAMENTAL LA PLATA

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